La ovejita

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la-ovejita-gallardofHabía una vez una pobre ovejita que leía las noticias todos los días. Iba al corral de lunes a viernes de 9 a 18 hs. Se estresaba por lo que vivía ahí dentro, es verdad pobre ovejita, el ambiente no era el mejor. Ella no hacía lo suyo. No llegaba y saludaba, ni movía sus orejas, ni sonreía. No tenía ganas de aportar su granito de arena. Para ella estresarse diariamente en el corral era normal, porque no conocía otra cosa. Pobre ovejita, no se creía capaz. Se echaba a menos… Tenia la lana enredada con abrojos, los dientes amarillos y muchas ojeras, pobre ovejita, estaba tan metida en si misma que no podía entender que estaba mal.

Criticaba y cuestionaba el accionar de todos, menos el suyo. Pobre ovejita, ya tenía su pezuña acalambrada de tanto señalar. Y sus cuestionamientos eran contra propios y ajenos:

  • “Y el Papa no llamó a Macri, hace 20 días que asumió y no lo llamó, ¿podes creer?”
  • “Y Messi no es capaz de ganar una sola final, pero claro en el Barcelona…”
  • “Y el Papa le regaló un Rosario a Milagro Sala, a esa hdp que se robó todo. Este Papa me caía bien pero ahora, con lo que hizo…”
  • “Y ¿viste lo que hizo Macri? Yo la verdad no lo entiendo… ¡¿para qué lo voté?! Me está haciendo perder guita…”

Y así la ovejita estuvo gran parte de su vida, trabajando de lunes a viernes en el corral, estresada, hablando y criticando el accionar de los demás… Pobre ovejita.

Dicen que una noche se levantó algo agitada, su hocico transpiraba, sus pesuñas temblaban y su lana estaba lacia de tanto sudor. Pobre ovejita ¿qué le habría pasado?

Dicen, también, que a partir de esa noche algo cambió dentro suyo. Su accionar empezó a mejorar, llegó al corral al día siguiente y le sonrío a la ovejita recepcionista. Al ver como la recepcionista se sorprendía ante su sonrisa, empezó a sonreír a toda aquella oveja que se le cruzara por el corral. La gran mayoría no le contestaba con una sonrisa pero algunas si. La ovejita pensó: “mirá todo lo que puedo hacer con una sonrisa” y empezó a creer en ella. Le entusiasmó la idea de generar algo bueno en los demás. Pasaban los días y sus cuestionamientos se estaban empezando a convertir en conversaciones con las otras ovejas. Dejó de mirar lo chiquito para mirar lo grande. Ya no le importaba el gesto del Papa, prefería quedarse con todo lo que esta logrando con este papado tan interesante. Ya no criticaba al Presidente, confiaba en que él iba a hacer lo mejor para su país. Se empezó a dar cuenta que su mirada era algo criticada por los demás, pero en algunos sembraba la duda de la buena intención. Eran conversaciones lindas, sin palabras negativas, sin malas intenciones… Qué bueno todo lo que le pasaba a la ovejita… Pero sigo pensando ¿qué le habría pasado esa noche?

Dicen, también, que la ovejita se empezó a preocupar por los demás. Entendió el poder de las buenas intenciones y lo bueno que podía generar en el otro, la ovejita, esa misma “pobre ovejita” de los primeros párrafos empezó a cambiar vidas.

Pero para lograr eso ella cambió su mirada, dejó de lado lo chiquito para ir en busca de algo más grande. Y lo consiguió. Fue largo el camino hacia su interior y lo que encontró aquella noche que se levantó (algo agitada) fue esencial para cambiar su vida.

La ovejita se casó, formó su familia y fue dejando ovejitas llenas de alegría por la tierra. Qué linda fue la vida de esta ovejita, que un día se enfermó y nos dejó. Qué grande fue su huella.

Dicen que al llegar al cielo se encontró con una ovejita blanca blanca blanca. Radiante. Algo que nunca había visto en la tierra. Esta ovejita tenía barba, agujeros en sus pezuñas y un corazón que rebalsaba de amor.

La miró a los ojos y asombrada dijo:

– “¡Vos fuiste la ovejita que se me apareció una noche en la que me levanté agitada, con mi hocico transpirado, mis pesuñas inquietas y mi lana lacia de tanto sudor!”

La ovejita blanca contestó con una sonrisa:

“Fui yo”.

– “Pero no me acuerdo bien que me dijiste esa noche en la que apareciste… En realidad, si hago memoria, me acuerdo que me levanté al día siguiente con muchas ganas de vivir, de sonreír, de contagiar mi alegría a las demás ovejitas, de hacer el bien… Qué increíble, ¿cómo cambiaste mi vida de un día para el otro?”

– “Sólo te di a entender que yo no te había puesto en la tierra para que vivas la vida que vivías antes de esa noche y vos solita te diste cuenta que tu misión era mucho más grande”.

-“Es verdad, y te empecé a buscar desde aquella noche, absolutamente todos los días. Y siempre en algún momento te hacías presente”.

“Siempre voy a estar con aquella ovejita que me busque, pero ahora tenes que estar contenta, porque tanto me buscaste que acá estás, en mi casa”.

– “Gracias ovejita blanca, estoy muy contento de estar acá. Pero, ¿te puedo hacer una pregunta?”

– “Las que quieras”.

– “Se que me diste a entender que no estaba haciendo las cosas bien… Pero ¿qué fue lo que me dijiste esa noche?”

Y la ovejita blanca respondió:

– “Que tu misión era mucho más grande. Que hagas todo lo que esté a tu alcance para lograr tus objetivos, que trates de hacer el bien, que intentes cambiar la vida de las personas que te rodean, que reces y confíes en vos y en mi pero principalmente en mi”.

– ¿Y por qué me dijiste que confíe principalmente en vos?

– “Porque yo hago nuevas todas las cosas”

Y la ovejita sonrió, le agradeció y disfrutó del cielo durante el resto de su vida, su vida en abundancia:


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