Un sueño de amor

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Casa-del-arbol-pasarse-es-como-no-llegarEra amor y perdoname, pero no sería prudente ponerle un nombre. Ella, con sus más, sus menos, era amor. Y la vi. La vi en un sueño tan real como esta vida, como mi puño y letra que escriben en este momento.

Y me acerqué, le dije que quería pasar el resto de mis días con ella y me dijo, nos vemos a las seis de la tarde en aquél árbol.

Y estuve nervioso todo el día, quizás hasta demasiado.

Me peleé con mi socio a eso de las tres y media, y faltaba poco para encontrarme con ella. Y ya estaba incómodo. Llegué a las cuatro al árbol anterior al que ella me había dicho, estuve ahí un rato y decidí salir a las cinco.

Entre el árbol en el que estaba y el que ella me había dicho pasé por una pileta con poco agua, adentro estaban mis viejos, mis hermanos y mis sobrinos, y todos me pedían que me quede, que ese momento era para estar en familia, que no lo desperdicie, que si me iba era un boludo y bla, bla, bla… Y me discutían, y me retenían con temas poco felices, y no se daban cuenta que iba a conocer al amor y me desesperaba cada vez más…

Y ya eran las seis de la tarde y sabía que estaba llegando tarde y lo que me esperaba allá, en aquel árbol, no era nada menos que el amor. Quizás, las cita más importante de mi vida. Y después de un rato me pude ir. Y cuando empecé a correr con una sensación de libertad inexplicable me di vuelta para ver si realmente me había podido liberar de todo el peso de una familia, y si, lo había hecho. No es que se trate de romper lazos, sino de dejar ir algunas cosas… No me había ido en paz de ese árbol, y algo me molestaba…

El mal humor era grande, pero yo sabía que en aquél árbol de allá estaba ella, con esa sonrisa impoluta y esos ojos tan particulares… Y ese pelo, y esa boca y esos detalles que la hacían única… Y llegué, tarde pero llegué. Y me estaba esperando, hamacándose en su árbol, sonriendo… y ese momento tan único lo viví con la certeza de saber que realmente había llegado el amor. Después de varios cachetazos que la vida me dio, para despabilarme, despertarme y enseñarme, me encontré hamacándome con el amor… Todo era perfecto, ideal.

Y me miró y me dijo contame, quiero saber cómo estás… Y sin saber mucho que responder, por los nervios quizás, empecé a hablar. Hay sensaciones que duelen en la vida, pero de las más desesperantes deben ser las de no poder expresarse.

De mi boca lo único que no salían eran palabras. Empecé a sacarme del estomago literalmente alambre de púa. Cada vez que abría la boca para decir algo, en lugar de frases, me salía alambre. Doloroso e inexplicablemente angustiante. Y ella que no podía ver lo que salía de mis entrañas, pero lo único que sentía era mi silencio a su pregunta.

Dale, respondeme, ¿no me querés hablar? Y a mi se me empezaban a caer las lágrimas. Y el alambre que no paraba de salir y mi desesperación que… bueno, te imaginarás.

Y ella se cansó, porque había llegado tarde a la cita y encima no le respondía, y se bajó de la hamaca y empezó a caminar. Y me salieron las primeras palabras y, ella dándome las espalda, me dijo ya es tarde…

Y al ver el detalle de su cara de lejos la noté vieja, linda, pero vieja. Ya en un segmento de edad similar al de una abuela. Habían pasado los años en los pocos pasos que dió, había tardado mucho en liberarme de otros árboles, y te repito, no hablo de romper, sino de dejar ir.

Y le dije no te vayas, bailemos una vez y por última vez. Y sonrió. Y me estiró su mano y me dijo cuidame, que ya no soy la de antes, que estoy frágil y vieja…

Y le dije quedate tranquila, que este tango te cuido yo.

PD: así sueña un hermano de la vida, que en medio de un viaje relámpago al interior de cada uno, nos encontramos con esto y no hice más que ponerle palabras a un sueño, esas que a él no le salían y que necesitó del tiempo, la sanación y la madurez para poder hablar. El cuento no habla de dejar de laburar, dejar de lado la familia ni a sus padres, sólo para llegar al amor. Habla de sanación, de sanar las heridas que cada uno pueda tener en diferentes “árboles” que va cruzando por la vida… Una vez sanado nuestro pasado, estamos dispuestos a enfrentar una relación y hacer de un vínculo humano, uno para toda la vida. 

A vos Juancito Wolf, que soñás como soñás, te quiero con toda mi alma.

Sigamos soñando juntos.

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