De Madrid

Una canción. Me trasladé. Fueron milésimas. No estaba en casa. Ni sentado frente a la computadora. Ni en cuarentena. Ni encerrado. Ni en mi cuerpo.

Un grupo de Whatsapp. Tres integrantes. Sin actividad desde el 2018. Reenvié la canción. “¿Se acuerdan?”. Fue instantáneo. Ya estábamos en el mismo lugar.

Uno mandó una foto. Una visión desde arriba. Google Maps. Las calles donde vivíamos felices. “Me mataste” dijo el otro. Una nueva foto. Una cancha de fútbol. Las sonrisas lo decían todo.

La miré en cámara lenta. Cerré los ojos. Intenté reproducir todas las sensaciones que sentía en ese momento. Una me inundó el alma: LIBERTAD. Se izaron, uno a uno, como pequeñas banderas de la nostalgia, los pelos de mi cuerpo. Los ojos cerrados, se apretaron como un puño. Lagrimeé. Sin claridad suficiente. ¿Era felicidad o tristeza?

El recorrido. Renunciar al trabajo. Vender el auto. Pedir plata prestada. Hacer la VISA. Dejar todo. Y partir de cero.

Viajar. Estudiar en otro país. Desconocer. Administrar la economía. Buscar departamento. Ir al supermercado. Mirar precios. Lavar la ropa. Cocinar. Cortar un ajo. Filetear una pata de jamón. Apagar la luz. Cuidar el agua. Pagar expensas. Crecer.

Universidad nueva. Sentirse ajeno a todo. Incluso a uno mismo. Reinventarse. Hacer amigos. Vivir.

Disfrutar la simple existencia. Sin preocupaciones. Sin trabajo. Una “obligación”. Aprobar materias. ¿Lo demás? Despertarse. Sonreír. Tito, ¿qué morfamos? Mensajes de Whatsapp. Santi, venite a comer. Teo, ¿estás para jugar? Seba, llevá botines. Pau ¿llevo mate? Kathe, ¿en serio desayunas eso?

Recorrer Europa. Soñar en vida. Reír. De repente. Sentir que se acaba. Un siniestro countdown interior que grita: “Disfrutá porque esto no se vuelve a hacer”. Llorar. Abrazar. Agradecer. Despedir.

Argentina otra vez. Trabajar. Cada vez más. Una bola de nieve que sigue hasta hoy y se agranda a diario. Solo para sobrevivir.

Una lección de vida. Se llama Madrid. La libertad plena, física, espiritual y mental. Vivir en eje. Pensar solamente en ser cada vez mejor persona. Lo que allá me era natural. Acá lo trabajo profundamente a diario para no perder el equilibrio.

Pongamos que hablo de Madrid.

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