Los domingos grises

Los domingos grises, ya no son grises.
Un despertar sin responsabilidades ni teléfono cerca.
La duda de saber si abrí los ojos a las 9 de la mañana o a las 3 de la tarde.
La cucha de mi perra, su mirada y el rabo como un péndulo diciéndome buen día.
Mi chistido y su salto inmediato a la cama a darme un abrazo.
El amor incondicional de un perro.

Una meditación para arrancar despierto.
La sorpresa al correr las cortinas y descubrir qué regalo toca hoy.
Los días intensos durante la semana.
El merecimiento al descanso que da el domingo.

Un mate, huevos revueltos y alimento para mi perra.
Los dos en el mismo sillón disfrutando de estar vivos.
“Déjà Vu” de Roger Waters a todo volumen y los ojos inundados de tanta abundancia.
La sensibilidad para escuchar una buena canción.

La mirada a las nubes grises. Cada clima invita a algo.
La sensación de una buena melancolía. Los recuerdos que sacan sonrisas.
Muchos años trabajando para sentir que ya no hay tristezas.
La sensación de merecimiento a ser feliz, tantos tiempo guardada.

La conciencia plena de que cada latido de mi corazón es un regalo.
La capacidad de entender, que lo que hay, es suficiente.
La libertad de poder vivir #ConElCorazónEnLaMano.

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