Distintos sudores – Parte 2

Me levanté transpirado. Otra vez. La imagen que siempre me despierta a las 4 de la mañana. Sos vos, me mirás fijo. Te miro. Me alejo. Camino para atrás, sin ver. Siento un paso en falso. Me caigo. Corrés intentando salvarme pero no llegás. Veo tu cara de desesperación estirando el brazo. Grito y caigo al vacío.

Hace meses que siento la misma sensación de desplomarme en el abismo. Empiezo el día. Me abrigo. Salgo a correr para sacar la angustia. Lo hago más rápido cuando te sueño que cuando no. Llego a casa a eso de las cinco de la mañana. Me baño y se activa el ritual de siempre: el sol, sentir que hay esperanza y de que todo va a estar bien.

Pero cuando salgo del baño, nos imagino ahí. Abrazados. Mi beso en tu frente y ese gesto tan tuyo que me confirmaba que todo estaba bien….

Cuando nos conocimos no eras más que un jarrón que te habías partido. Y además de enamorarme de vos, me enamoré de cada uno de tus problemas. Y mi personalidad de siempre, que insiste en curar. Me salió fácil ponerme al hombro todos tus pedazos. Esa fantasía de creer que iba a poder con vos, los quilombos con tu vieja y las heridas abiertas con tu viejo… Más mis problemas con el laburo, los altibajos que nunca te compartí para no cargarte más. Y me fui. Pegué un portazo pensando que era demasiado. Pero… una vez más, me equivoqué.

El tiempo me hizo poner el foco en mí. Porque yo también estaba roto y no volví a juntar todos mis pedazos. Muchos quedaron ahí, y empecé a elegir con qué partes me quedaba. No para cambiar, sino para convertirme en quien realmente debía ser. Y no hizo falta más que espacio para darme cuenta que tus problemas son tuyos, que puedo ayudarte, acompañarte, pero no debo involucrarme.

Sale del baño desnudo.

Necesito llamarla. Me importa un carajo la hora.

Ella salía del baño cuando atendió la llamada.

Perdón, sé que es un horario de mierda. Pero hace días que me levanto todo transpirado… pensando en vos. Me baño, y tengo una necesidad muy fuerte de llamarte.

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